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México 0-1 Jamaica, Copa Oro 2017

Jamaica es finalista. Lo lamenta Estados Unidos, lo lamenta la Concacaf, pero principalmente lo lamenta la selección mexicana

Un golazo de Lawrence al minuto 88, en estupendo cobro, al que Jesús Corona le vuelve a aplicar la quietud de la estatua del miedo, marca la diferencia.

De nuevo, México tuvo la posesión de la pelota, por momentos manejó el partido, pero el juego viril, inteligente, sacrificado, combativo de Jamaica, encontró la recompensa del 1-0.

Al final se escucharon de nuevo los gritos de 'Fuera Osorio, fuera Osorio, fuera Osorio'; fueron la escolta ácida, vergonzosa de los seleccionados mexicanos que abandonaron con la cabeza gancha el Rose Bowl de Pasadena, que tuvo una entrada oficial de 42 mil 393 aficionados, aunque entre boletos regalados, debieron ser cerca de 60 mil.

EL MURO... ES JAMAIQUINO

Juan Carlos Osorio quiso sacar juventud de su único venturoso pasado: 3-1-3-3, como ante Uruguay. La ganzúa contra Jamaica.

La propuesta parecía funcionar. Ayudaba a ello el rival. Le entregó la cancha, el balón, la tribuna y hasta el árbitro que le perdonaría una roja al 'Cubo' Torres.

Los jamaiquinos se acomodaron atrás. Dos aduanas de cuatro sabuesos infatigables, estoicos, circenses... y efectivos. Y cuando el grupo de choque temblaba, saltaba el arquero y capitán.

Andre Blake era el último bastión: tres remates a quemarropa, y el saltimbanqui se encargó de anular los disparos que se petrificaron en pujidos en los cerca de 43 mil aficionados que se ilusionaban con el gol.

México intentó con paredes cortas, relevos, acercamientos individuales, por el centro y por los carriles interiores, pero se equivocaban en el último ataque, o eran asaltados por los atentos y veloces adversarios.

Mientras Jamaica apenas consiguió dos advertencias contra el arco mexicano, el Tri se hartó de entregar balones a su adversario por el centro e intentó por los costados. Fue peor. Llegaba a fondo con tanta frecuencia y con centro tan obvio, precipitado, inocentes y fallidos, que eran desterrados por la zaga o controlados por el arquero.

Jamaica sufría, se angustiaba, pero sin llegar a un colapso nervioso, bajo entendido que había elegido dejarle el desgaste absoluto a los mexicanos.

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